El CEO de Volvo Group advierte a Europa: "Apostar solo por los camiones eléctricos sería sumamente peligroso"

21/09/2026 12:30
Actualizado a
21/09/2026 12:30
Volvo es uno de los fabricantes que más está apostando por la electrificación del transporte pesado en Europa, pero su máximo responsable considera que sería un error jugarse toda la transición a una sola carta. Martin Lundstedt, presidente y CEO de Volvo Group, ha advertido de que confiar únicamente en los camiones eléctricos a batería sería “superpeligroso” para Europa.
La declaración aparece en una información publicada por Financial Times, que analiza el debate abierto entre los grandes fabricantes europeos sobre qué tecnologías deberían utilizarse para descarbonizar el transporte pesado. Mientras los camiones eléctricos siguen ganando autonomía y capacidad de carga, Volvo quiere mantener también abierta la vía del hidrógeno.

“Es superpeligroso elegir una única tecnología”
Lundstedt defiende que las necesidades del transporte pesado son demasiado diferentes como para pensar que una única solución servirá para todos los mercados y tipos de trabajo. No requiere lo mismo un camión que realiza reparto regional y regresa cada noche a una base que otro dedicado a recorrer largas distancias con grandes cargas.
Es precisamente en estos últimos usos donde Volvo considera que la pila de combustible de hidrógeno puede seguir teniendo sentido. El repostaje más rápido y la posibilidad de mantener una elevada capacidad de carga sin instalar baterías enormes son algunos de los argumentos que continúan utilizando sus defensores.
Volvo Group ha reforzado esta misma idea de forma oficial. La compañía sostiene que el hidrógeno debe actuar como complemento de los camiones eléctricos a batería, especialmente para operaciones que exigen larga autonomía, grandes cargas, repostajes rápidos y una elevada flexibilidad operativa.

Volvo seguirá vendiendo camiones eléctricos
La advertencia de Lundstedt no significa que Volvo vaya a frenar su ofensiva eléctrica. La compañía sigue desarrollando y comercializando camiones de baterías, pero no quiere que Europa cierre demasiado pronto la puerta a otras tecnologías de cero emisiones.
El planteamiento del fabricante sueco consiste en utilizar distintas soluciones dependiendo del trabajo que tenga que realizar cada vehículo. Los eléctricos a batería tendrían un papel protagonista en muchas rutas regionales y de media distancia, mientras el hidrógeno podría cubrir aquellos casos en los que la autonomía, el peso transportado o los tiempos de parada tengan más importancia.
Esta estrategia multitecnológica es también la que Volvo está intentando impulsar junto a otros grandes grupos industriales. Volvo Group, Daimler Truck, Toyota, Bosch, Air Liquide y TotalEnergies, entre otras compañías, anunciaron este mes un proyecto para acelerar el despliegue de camiones de hidrógeno y de la infraestructura necesaria para utilizarlos en Europa.

El problema sigue siendo la infraestructura
La batalla tecnológica, sin embargo, no depende únicamente de los vehículos. Tanto los camiones eléctricos como los de hidrógeno necesitan una infraestructura que todavía está lejos de estar desplegada a gran escala en Europa.
En el caso del hidrógeno, los fabricantes consideran imprescindible crear corredores con estaciones de repostaje y garantizar un suministro suficiente a precios competitivos. Volvo y sus socios están trabajando precisamente en un modelo que coordine la llegada de los camiones, las hidrogeneras y el suministro energético para intentar conseguir un coste total de propiedad competitivo.
La transición tampoco está avanzando todavía al mismo ritmo que en los turismos. Según los datos recogidos por Financial Times, los camiones eléctricos representan alrededor del 4,8% de las nuevas matriculaciones de vehículos pesados en la Unión Europea.
Al mismo tiempo, la presión competitiva empieza a aumentar. Fabricantes chinos como BYD y Sany están preparando una expansión mayor en Europa, mientras Tesla también intenta ganar presencia con su camión eléctrico. Los fabricantes europeos mantienen actualmente alrededor del 97% del mercado de vehículos pesados, pero distintas organizaciones advierten de que esa posición podría deteriorarse si no aceleran su transición tecnológica.