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El ruido en la ciudad mata. El silencio se convierte en la nueva medida de calidad de vida

El ruido en la ciudad mata. El silencio se convierte en la nueva medida de calidad de vida

Aproximadamente 66 mil muertes prematuras al año. Eso es lo que, según la Agencia Europea del Medio Ambiente (EEA), cuesta a Europa la exposición prolongada al ruido del tráfico. Esta cifra lo sitúa hoy entre los tres mayores riesgos ambientales para la salud en el continente, junto con la contaminación del aire y las temperaturas extremas. El problema, que durante años se consideró simplemente una molestia, resulta ser un factor patogénico medible. Además de las muertes prematuras, el ruido es responsable cada año de unos 50 mil nuevos casos de enfermedades cardiovasculares y 22 mil casos de diabetes tipo 2. Y la escala de exposición afecta a decenas de millones de europeos. Sobre temas como el ruido en los espacios urbanos, discutirán los participantes del Congreso de Nueva Movilidad de este año en Katowice, que tendrá lugar del 23 al 25 de septiembre próximo.

En resumen:

¿Por qué el ruido se ha colocado entre las tres principales amenazas para la salud en Europa?

¿Cuál es la fuente de ruido más importante (y por qué es una sorpresa)?

¿Cuánto nos cuesta realmente vivir en un entorno ruidoso?

¿Cómo luchan las ciudades contra el ruido en su origen?

¿Qué papel desempeña la movilidad eléctrica?

El tema será abordado durante el KNM 2026 en Katowice.

El ruido: la tercera mayor amenaza ambiental en Europa.

Las consecuencias afectan a millones de personas. Casi 17 millones de europeos padecen irritabilidad crónica relacionada con el ruido, y 4,6 millones sufren trastornos graves del sueño. Las investigaciones también lo relacionan con la depresión, el empeoramiento de las funciones cognitivas e incluso con el riesgo de demencia. Los niños están especialmente expuestos: la AEMA estima que más de medio millón de ellos tienen dificultades para leer por esta causa, y aproximadamente 272 mil luchan contra el sobrepeso. El mecanismo es biológico: el ruido actúa como un estresor crónico, activando reacciones en el organismo incluso durante el sueño, cuando la persona conscientemente “no lo escucha”.

La mayor fuente no es la aviación, sino la carretera fuera de la ventana

Por lo general, el ruido aéreo es lo que genera más emociones, pero la magnitud del problema está en otro lugar. Según la AEMA, hasta 92 millones de europeos están expuestos a un ruido vial dañino que supera los límites establecidos (55 dB durante las horas diurnas, vespertinas y nocturnas). Para comparar: el ferrocarril afecta a unos 18 millones de personas, mientras que la aviación lo hace a 2,6 millones. Es el tráfico de automóviles, especialmente en los centros urbanos densamente poblados, el origen dominante y más común de ruido.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) agrega además que los efectos negativos en la salud pueden aparecer ya a niveles inferiores a los límites vigentes en muchos países; por lo tanto, la magnitud real del fenómeno es probablemente mayor de lo que muestran los mapas acústicos oficiales.

Noche: cuando el silencio determina la regeneración

El ruido nocturno es clave. Perturba el sueño y la regeneración del organismo, y una exposición prolongada está relacionada con un mayor riesgo de hipertensión y enfermedades del sistema circulatorio. La Directiva sobre Ruido (END) establece un umbral de 50 dB para la hora nocturna, pero la OMS en sus directrices de 2018 recomienda valores aún más bajos. Por eso cada vez se habla menos de “limitar las molestias” y más de proteger la salud pública: el ruido nocturno, desde esta perspectiva, es un problema médico y no solo de comodidad.

Costo: más de 95 mil millones de euros al año

La vida en medio del ruido también tiene una dimensión económica. La AEMA estima que el ruido generado por el tráfico es responsable en Europa de la pérdida anual de 1,3 millones de años de vida saludable, lo que equivale a un costo de unos 95,6 mil millones de euros, aproximadamente el 0,6 % del PIB europeo. Esta es una escala en la que el silencio deja de ser una cuestión estética para convertirse en un elemento real en la cuenta sanitaria y económica de las ciudades.

Ciudades: luchar contra el ruido en su origen, no solo detrás de una pantalla

Las ciudades europeas luchan cada vez más contra el ruido en su origen, en lugar de limitarse a usar pantallas acústicas; estas solo protegen zonas específicas y no resuelven el problema en los lugares donde realmente viven las personas. En la práctica, esto significa zonas Tempo 30, superficies más silenciosas, desarrollo del transporte público y de la infraestructura ciclista, así como la creación de “zonas de silencio”. También está cambiando la forma en que se evalúa la calidad del espacio urbano. Ya no solo importa cuán rápido se puede desplazarse por la ciudad, sino también qué tan ruidoso es el entorno en el que se vive. La reducción del ruido comienza a considerarse de manera similar a la mejora de la calidad del aire o al acceso al espacio verde: como uno de los requisitos para una ciudad saludable.

Polonia: mapas de ruido y zonas Tempo 30 en la práctica

En Polonia, las herramientas para luchar contra el ruido ya están contempladas en la legislación. Las ciudades con más de 100 mil habitantes tienen la obligación, derivada de la directiva de la UE sobre ruido (END) y de la Ley de Protección del Medio Ambiente, de elaborar y actualizar cada cinco años mapas estratégicos del ruido (anteriormente mapas acústicos). Estos mapas indican los lugares más expuestos al ruido vial, ferroviario y aéreo, y posteriormente sirven de base para los programas de protección ambiental contra el ruido. Al mismo tiempo, cada vez más ciudades polacas —desde Varsovia hasta Cracovia y Gdansk— amplían las zonas Tempo 30 y las áreas de tráfico reducido, que limitan el ruido en su origen en lugar de ocultarlo con barreras. Esto demuestra que la cuestión del “diseño para el silencio” no es una abstracción en Polonia, sino un elemento real de la política municipal.

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Electromovilidad: un transporte más silencioso, aunque no completamente sin ruido

En esta ecuación, el cambio de los sistemas de propulsión desempeña un papel importante. Los automóviles eléctricos, a bajas velocidades —típicas del tráfico urbano— son considerablemente más silenciosos que los de combustión interna, ya que desaparece el ruido del motor. No se trata de un silencio absoluto: a velocidades más altas predomina el ruido de las llantas y del rozamiento, y por motivos de seguridad para peatones, los automóviles eléctricos deben emitir el sonido del sistema AVAS a velocidades de hasta unos 20 km/h. Aun así, la electrificación de las flotas reduce efectivamente el nivel acústico de las ciudades; no es casualidad que, en el escenario optimista de la AEMA para 2030, una de las premisas sea precisamente una participación del 25 % de vehículos eléctricos en el tráfico vial.

¿Es posible diseñar la quietud?

Esta pregunta llega cada vez con más frecuencia a los urbanistas, arquitectos y gobiernos locales. La AEMA advierte que, al ritmo actual de cambios, la Unión Europea no logrará el objetivo de reducir en un 30 % el número de personas expuestas crónicamente al ruido para el año 2030 (en comparación con 2017). Sin medidas adicionales, tanto regulatorias como de diseño, este objetivo seguirá fuera de alcance. Esto significa que la lucha contra el ruido requerirá no solo nuevas normativas, sino sobre todo un diseño diferente de la movilidad y los espacios urbanos.

El ruido, tema del Congreso de Nueva Movilidad 2026

Por eso mismo, el ruido será uno de los temas del Congreso de Nueva Movilidad 2026, que se celebrará del 23 al 25 de septiembre en Katowice. En el marco de la ruta New Climate Policy & Health se han programado, entre otros, una conferencia principal titulada “El nuevo smog urbano: el ruido” y un panel sobre “SUMP y la ciudad saludable. ¿Cómo afectan las políticas de movilidad a la salud, la calidad del aire y la calidad de vida?”. El punto de partida será una pregunta sencilla: ¿en lugar de proteger a los residentes del ruido, podemos diseñar ciudades de tal manera que generen menos?

Fuente: PSNM