Gran ventaja climática gracias al cambio temprano de vehículos de combustión a automóviles eléctricos

La idea de que es sostenible conducir un automóvil funcional con motor de combustión en lugar de deshacerse rápidamente de él y pasar a un coche eléctrico resulta ser, en muchos casos, un error. Una investigación estadounidense demuestra ahora que, en el 92 por ciento de los escenarios analizados, cambiar a un vehículo eléctrico es más beneficioso para el clima que seguir utilizando uno con motor de combustión.

Un estudio realizado por investigadores de la University of California Santa Cruz demuestra que el cambio temprano de un automóvil de combustión interna a uno eléctrico casi siempre conlleva una mejora significativa en la huella de CO2. Sin embargo, una condición importante es que el automóvil de combustión interna no pueda ser revendido, sino que deba ser desechado realmente, ya que su reventa y posterior uso seguirían generando emisiones de CO2. De esta manera, el cambio puede ser rentable en términos de emisiones de CO2 incluso cuando se desecha un motor de gasolina con solo un año de uso y se sustituye por un coche eléctrico. No obstante, los investigadores no determinaron si esto también es beneficioso para el bolsillo del conductor.
Para su estudio, publicado ahora en la revista científica “Science”, los investigadores analizaron más de 400 escenarios diferentes relacionados con vehículos. En dicho estudio se tuvieron en cuenta factores como la eficiencia del combustible, el tamaño de la batería, la distancia anual recorrida y la composición energética regional (con especial atención a los Estados Unidos). El resultado es que, en el 92 por ciento de los escenarios modelados, pasar lo antes posible a un automóvil eléctrico es más ecológico que seguir utilizando un vehículo de combustión interna. Además, es lógico que un vehículo de combustión interna emita más CO2 cuanto más tiempo se utilice.
Según el estudio, un automóvil eléctrico recupera después de unos tres años la cantidad de CO2 generada durante su producción y la de sus baterías, y a partir de ese momento es más ecológico que un vehículo de combustión interna. Se habla también de una “mochila de CO2” que lleva consigo un coche eléctrico nuevo, y los fabricantes quieren reducirla cada vez más. Por ejemplo, BMW afirma que el iX3 ya alcanza una huella de CO2 más baja después de 21.500 kilómetros que un vehículo de combustión interna similar. Es decir: si la distancia anual recorrida es, por ejemplo, de 11.000 kilómetros, esta marca se logra ya después de dos años.
Una vez que un coche eléctrico se libera de su “bolsa de CO2”, la ventaja en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero frente a un vehículo similar a gasolina o diésel aumenta rápidamente. Incluso si el vehículo de combustión interna reemplazado tiene solo uno o dos años, las emisiones totales a lo largo de toda su vida útil disminuyen hasta en un 44 por ciento al pasar a un coche eléctrico, según los investigadores. Pero para ello, dicho vehículo de combustión interna debe ser realmente desechado y no vendido, como ya se mencionó.
Los autores del estudio, J. Elliott Campbell y Roland Geyer, subrayan que estos hallazgos refuerzan enormemente la sostenibilidad de los vehículos eléctricos. Campbell señala que los resultados “dejan clarísimos los argumentos a favor de la sostenibilidad al poseer vehículos eléctricos”. Al mismo tiempo, advierte que, dada esta información, “también es necesario acelerar el ritmo de las medidas de protección climática”.
Según la investigación, la ventaja ecológica de deshacerse de un vehículo de combustión interna y adquirir uno nuevo eléctrico es en gran medida independiente de la distancia anual recorrida. Incluso quienes conducen relativamente poco alcanzan rápidamente ese umbral. Solo en regiones con una matriz energética muy dependiente del carbón la ventaja puede ser menor o incluso inexistente; sin embargo, en Europa cargar vehículos eléctricos con energía renovable es prácticamente estándar.
Los científicos también identifican un factor crítico: el mercado de automóviles usados. Pues los beneficios climáticos disminuirían si los vehículos de combustión interna, que en realidad deberían haber sido retirados, volvieran a circular. No obstante, se mantiene la conclusión de que hacer referencia de forma general a la “vida útil restante” de un vehículo de combustión interna ignora el verdadero potencial de protección climática que ofrece el cambio temprano a automóviles eléctricos.