Primera prueba del Range Rover Electric sobre terrenos irregulares en Gaydon

¿Cómo se conduce el primer Range Rover completamente eléctrico? Pudimos responder a esta pregunta en el campo de pruebas interno de Jaguar Land Rover (JLR) en Gaydon, donde tuvimos a disposición el Range Rover Electric para un primer viaje. Aún no se trataba de una prueba completa, ya que el tiempo al volante fue demasiado breve. Sin embargo, sí constituye una primera impresión fiable de cómo este modelo estrella convierte su potencia total de 404 kW (550 CV), su par motor de 850 Nm y su batería de 118,5 kWh en sensaciones de conducción. Hemos recopilado todos los detalles técnicos en un informe detallado; aquí nos centraremos en las experiencias vividas.
La entrada es familiar, y precisamente eso es intencional. La posición elevada del asiento ofrece la visión general tan buena como de costumbre, complementada por imágenes de cámara extremadamente nítidas que se pueden ajustar según la situación y que también permiten mantener bajo control los obstáculos laterales. Un detalle secundario que resulta relevante en terrenos difíciles: según un responsable del lugar, las lentes de la cámara están recubiertas de tal manera que ni el polvo, ni la arena ni el barro se adhieren a ellas. El menú se ajusta al nivel de este automóvil; parece de alta calidad, responde con fluidez y es fácil de navegar sin necesidad de buscar mucho, por ejemplo cuando se desea ajustar la recuperación energética o activar la precalentamiento de la batería con solo dos clics.

Al arrancar, rápidamente se tiene la sensación de estar en una especie de capullo protector mientras se conduce. Los ruidos del rodamiento permanecen en gran medida fuera, la tranquilidad al circular es notable incluso sobre superficies irregulares, y aun a velocidades más altas o en terrenos accidentados, el nivel de ruido se mantiene agradablemente bajo. El pedal del acelerador permite una regulación precisa, por lo que el vehículo no se lanza de repente hacia adelante. Lo que en teoría parece un detalle, marca la diferencia en la práctica cuando se necesita precisión al milímetro fuera de los caminos asfaltados.

También la dirección contribuye a esta impresión. Incluso los más pequeños movimientos del volante fueron detectados por el Range Rover Electric en el terreno de pruebas y transmitidos de manera precisa a las ruedas, lo que permitía mantener siempre la sensación de control. El bajo centro de gravedad que genera la batería en el piso del vehículo asegura además una posición estable, especialmente en pendientes del terreno. Allí, el conductor ya se imagina caído, mientras que el automóvil no se mueve en absoluto en esa dirección.
Mientras otros tienen que luchar, el Electric permanece tranquilo
En el recorrido todo terreno pudimos escalar subidas pedregosas, bajar de nuevo y superar algún que otro obstáculo. El Electric lo hace con una naturalidad que se explica por su tecnología: el sistema integrado de gestión de par detecta la pérdida de tracción en cada rueda en 50 milisegundos y ajusta los dos motores en uno o dos milisegundos, aproximadamente 100 veces más rápido que los sistemas convencionales de control de tracción. Casi no se nota nada en el automóvil, y ahí radica precisamente la ventaja. Este vehículo eléctrico ya no necesita marcha atrás, ya que la marcha mínima Rock Crawl funciona gracias al alto par en esa única velocidad.

La descida por la colina resulta prácticamente convincente cuando se combinan el Hill Descent Control y el modo Single-Pedal, como lo denomina Range Rover al sistema de conducción con un solo pedal, ya establecido en otros modelos como One-Pedal-Drive. El vehículo eléctrico asume entonces casi por completo el control, frenando hasta 0,2 g hasta detenerse y permitiendo ser guiado cuesta abajo únicamente mediante el pedal de accionamiento.
Los niveles de recuperación Ligero y Estándar, regulables a través del menú, se diferencian claramente entre sí; el modo de pedal único se activa mediante la palanca de selección de marchas, que destaca aún más. En cuanto a los modos de conducción, no faltan opciones: en carretera se pueden elegir Eco, Normal y Dynamic; en terreno, los programas van desde Grass, Gravel y Snow, pasando por Mud and Ruts, Sand y Rock Crawl, hasta el modo Wade, que se puede seleccionar manualmente o dejar al cuidado del modo automático, el cual identifica automáticamente el suelo adecuado.
Un responsable del lugar lo resumió con una fórmula sencilla: el Range Rover Electric es más fácil de conducir en la mayoría de las situaciones que sus versiones con motor de combustión, lo que permite viajar a más lugares. Algo que, según los conductores de Range Rover, es algo muy valioso.

Después de las pruebas en el circuito de prueba, es difícil contradecir esto. En particular, se espera que este vehículo eléctrico demuestre sus ventajas en la arena, ya que al no haber cambios de marcha se obtiene una tracción constante en todo momento. Sin embargo, el circuito de pruebas en Gaydon no nos permitió ver esta prueba debido a la falta de tramos adecuados.
Aun después de esta breve prueba, quedan muchas cosas por aclarar: el consumo en la vida cotidiana, en trayectos largos, y el comportamiento de carga en la práctica (sobre el papel se indican hasta 350 kW de potencia de carga, llegar del 10 al 80 % en 22 minutos y un alcance de 600 kilómetros según WLTP). También está el precio, que Range Rover pretende comunicar más adelante. Pero la primera impresión ya está clara: un Range Rover que es más silencioso, más sensible y aún más competente en terrenos difíciles que sus versiones de motor de combustión. Conducirlo eléctricamente aquí no se siente como un cambio, sino más bien como una culminación.
Aviso legal: Range Rover invitó a visitar Gaydon, en Gran Bretaña, para conocer la nueva estrategia y el buque insignia eléctrico de la marca, el Range Rover Electric. Sin embargo, esto no afecta a nuestra opinión honesta expresada aquí.